No me recuerdo triste. Ese periodo fue lo suficientemente rico en sentimientos y experimentos intelectuales para poder decir que fue el que más definió favorablemente mi modo de ver la vida y de relacionarme con el Mundo. Leía a Nietzsche y escuchaba a Piazzolla; jugaba futbol (a veces solo, si es que eso es posible) y pasaba horas revolviendo mapas y revistas en la Librería Kosmos.
Se que una tarde de lluvia estuve sentado al pie de la puerta de una habitación que daba a un jardincito con rosales, sé que escuchaba Fuga y misterio, y días después habría de comprender que esa música era la sangre en el sistema circulatorio de mi alma, y llenaba las venas como el agua llena las hendiduras de un terreno. Un terreno como aquel jardín, por ejemplo.
¿Es tango Piazzolla? Si para que su música pudiera ofrendarse en toda su plenitud a los sentidos y al alma, tuviéramos que quitarle la etiqueta de Tango, más de uno se la quitaríamos. Eso no importa. Pero tomemos en cuenta que no todo el que habla de Piazzolla ha comprendido qué fue su música, ni todo el que lo rechaza conoce las ánimas del tango. El verdadero Piazzolla se encuentra sólo en la música que dejó.
Astor Piazzolla
(marzo de 1921 - julio de 1992)
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