El espíritu y la luz con que una madre carga a su pequeño son únicos
No hay en el mundo otra especie que los tenga
Yo he visto a dos metros de mí el decaimiento del semblante de una madre
justo en el momento de su persistencia
Y he visto cómo el bebé sólo vive
Se agarra de la vida con una manita
colgado de la luna en cuarto creciente
Esboza el instinto en un bostezo.
La madre está, y el niño es
Pero hay madres que también son
Y hay niños que también serán.
En ese entonces el mundo siempre cobrará un sentido.
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